Despotismo Ilustrado
El Despotismo Ilustrado es aquella vieja doctrina política con la que la Revolución Francesa quiso acabar en 1789. Todo para el pueblo pero sin el pueblo era el grito de guerra que imperaba en el llamado Antiguo Régimen. Me pregunto si las cosas han cambiado tanto como pensamos. El pasado viernes capté con mi cámara las imágenes que tienen bajo estas líneas. El pueblo, apostado frente a la valla. Los nobles (perdón, cargos públicos quise decir), a varias decenas de metros, sobre la zona ajardinada.
Se dice, se comenta que un importante número de vecinos se mostró opuesto a la llegada de un ramal del Tranvía de Vitoria-Gasteiz a Abetxuko. Tratándose de la Ciudad de los Prodigios, me resulta verosímil. Ahora bien, favorable o desfavorable, una vez consumado el proyecto (el pasado viernes) me pareció de muy mal gusto que la Ertzaintza acordonara la zona en la que se agrupó la comitiva de cargos institucionales e invitados al acto de inauguración de la infraestructura. A mi alrededor, la indignación se palpaba. Esto viene a demostrar lo que ya sabíamos: nuestra sociedad está dividida en castas, proclamó un vecino. Parece mentira… ¡pero si la mayor parte del barrio vota socialista!, espetó una vecina, a lo que otra le contestó ni corta ni perezosa: Sí, sí… no te preocupes que en las próximas elecciones volverán a votarles, ya verás…
Los vecinos prometen batalla para los próximos días. La guerra viene de lejos, y tuvo como destacado episodio la chapucera reforma de la Calle de los Tilos, que dejó a buen número de casas anegadas cuando se produjeron las últimas inundaciones.
Abetxuko es el arquetípico barrio de gente humilde y trabajadora a menudo olvidado por el Consistorio. Los gobernantes sabían a lo que se exponían al acercarse a las inmediaciones del nuevo ramal con motivo de su inauguración. Los nervios del respetable estaban a flor de piel y sus gargantas estaban listas para entonar un puñado de consignas. Y a la Ertzaintza no se le ocurrió otra cosa que amenazar con multas a los vecinos que planeaban extender una pancarta bastante aséptica que no incluía el insulto ni el ultraje hacia el gobierno (fuera municipal, foral o autonómico).
Definitivamente, el gobierno municipal tenía una excelente oportunidad para congraciarse de una vez por todas con Abetxuko. Finalmente, pudo más el exceso de celo del nuevo ejecutivo vasco (marca de la casa del hombre fuerte a la derecha de Patxi López, Rodolfo Ares, supongo…).
Un político profesional debería acostumbrarse a estar a las duras y a las maduras. Ello incluye el riesgo de reproches en plena cara. Y ya se sabe que quien no arriesga no gana. Ésa es una de las grandes diferencias (perdonen que me repita) entre un político y un estadista.