Homer en Tobalina
Si no fuera porque a más de uno el contencioso generado por Garoña hace tiempo le privó de un sueño reparador, el asunto podría catalogarse en la categoría de sainete. ¿Se imaginan a Homer en el Valle de Tobalina? Cambien su casa unifamiliar de Springfield por un viejo caserón burgalés e imaginen el careto del señor Burns sobre el rostro del director de la Central.
Ya sólo falta el pececito Guiñitos deambulando en aguas del río Ebro y a los inseparables operarios Lenny y Carl poniendo a caldo perejil a Skinner mientras toman un café aguatxinado en la máquina expendedora.
Los empleados de la Central Nuclear más antigua de España vociferan que la planta es segura y piden su continuidad. Por su parte, los ecologistas piden que se cierre para siempre y que el gabinete de Zapatero no conceda la prórroga que Nuclenor exige.
En cuanto a la actitud del gobierno de Madrid, ZP ha dado una de cal y otra de arena, ya que ha decisión del cierre no garantiza el cumplimiento de su promesa electoral. Garoña funcionará dos años más, una decisión que el Ejecutivo hará pública y solemne el próximo viernes.
Los dos años de propina siembran la duda, como bien avisa la organización Araba Sin Garoña, dado que al término del bienio podría reabrirse el melón. No obstante, María Teresa Fernández de la Vega ha afirmado que los trabajadores pueden estar tranquilos gracias a un plan de regeneración industrial, económica, social y turística para el Valle de Tobalina. La pregunta lógica y cabal que el ecologista Alberto Frías se hace es ¿A qué se ha dedicado el Gobierno español y la Junta de Castilla y León durante los últimos años?
La cuestión adquiere tintes surrealistas si nos atenemos a la actitud de los trabajadores. ¿Acaso no sabían -ya en el momento de firmar su contrato- que su lugar de trabajo tenía fecha de caducidad? Supongo que Homer también se movilizaría y votaría a favor de seguir corriendo riesgos con tal de poder seguir bebiendo cerveza en el bar de Moe y comiendo rosquillas ante el televisor.