Cagarse en El-De-Arriba
El que suscribe no es el colmo de los colmos en materia de prácticas piadosas. No estoy suscrito a Rosarios, Novenas o Cursillos de Cristiandad. Además, falto con frecuencia a la misa del domingo. Triste pero cierto. Por resumirlo en pocas líneas, aún no he hecho las paces con El-De-Arriba. Sin embargo, el respeto que me inculcaron por lo sagrado permanece intacto en mi corazón.Escuchar Cagüen Dios en diferentes tonos y por diferentes motivos se ha convertido en algo bastante habitual. Hace unas décadas, a más de uno le habrían llevado ante un tribunal por blasfemar. Ahora se hace sin contemplaciones. José Mari de Lahidalga lo llamaba la Ley del Péndulo en la Facultad de Teología. Funcionamos a base de bandazos, así es. Y digo yo… Con la de desgracias que suceden en el mundo. ¿Qué sentido tiene cagarse en El-De-Arriba cuando tenemos al malo, El-De-Abajo? Nombres no faltan: Satán, Belcebú, Mefistófeles, Samael, El Demonio, Satanás, … Podría seguir enumerando otros aclamados próceres de la corte infernal. Pues nada, dale que dale a cagarse y a taladrarnos los oídos con una expresión que duele en el alma incluso a un proscrito creyente como el que suscribe.
Corrían los primeros compases del nuevo siglo en la Ciudad de los Prodigios. La banda local Soziedad Alkoholika daba un concierto en el Gaztetxe (la Casa Joven, si no sabéis euskera, queridos lectores). Como no podía ser menos, tenían que tocar uno de sus himnos clásicos: Padre Black & Decker, un alegato contra los abusos sexuales cometidos por sacerdotes. Y, claro, no les bastaba con “poner a caldo” a la Iglesia, cosa por otro lado comprensible. No contentos con ello, se tenían que cagar también en Dios, y así lo hicieron. Claro, al terminar el tema, al loco de mi camarada Kastrol no se le ocurrió otra cosa que gritar a pleno pulmón mientras señalaba con el dedo a un servidor, cuyo rostro estaba rojo como un tomate: “¡Eh, que tenemos un infiltrau aquí!”. Quién me mandaría estudiar Teología…