La polémica surgida en torno a la sentencia del Tribunal de Estrasburgo por la que los centros educativos no pueden exhibir crucifijos es espinosa. Se mire por donde se mire. A primera vista, la solución óptima parece ser eliminar las cruces de todos los espacios públicos argumentando que las teocracias ya no existen en la actual civilización judeo-cristiana. Sin embargo, la realidad no es tan sencilla. Veamos por qué.




